Una bomba lapa acaba en Gasteiz con la vida del Jefe de Servicio de la cárcel de Langraiz.
Información publicada en GARA el lunes 23 de octubre de 2000.
ATENTADO EN GASTEIZ
Una bomba-lapa acaba con la vida del jefe de Servicio de
Langraiz cuando se dirigía a la cárcel
GARA | GASTEIZ
Máximo Casado Carrera se levantó a primera hora de la mañana de ayer para acudir a su puesto de jefe de servicio en la prisión de Langraiz, al que debía incorporarse a las 8.00. Como hacía habitualmente, salió de su domicilio, en el número 80 de la calle Beato Tomás de Zumarraga, y se dirigió al garaje comunitario ubicado a la altura del edificio número 86. Según el relato de los hechos facilitado por distintas fuentes del Ministerio español de Interior, a las 7.45, cuando el funcionario de prisiones puso en marcha su vehículo, un Citroën Xsara con placas de Gasteiz, éste explosionó.
Jaime Mayor Oreja, que llegó al lugar hacia las 10.45, informó de que la explosión fue provocada por una bomba lapa adosada a los bajos del vehículo. El propio ministro subrayó que el artefacto, compuesto de entre 1,5 y 2 kilos de explosivo, era «de gran y singular potencia». A consecuencia de la deflagración, el cuerpo del funcionario y el automóvil quedaron destrozados. Otros cinco vehículos aparcados en las proximidades resultaron afectados.
Vecinos del inmueble que escucharon la explosión comentaron que ésta «removió» la estructura del edificio y que, al ocurrir en un sótano, provocó un gran estruendo. Testigos presenciales explicaron que la esposa del funcionario, Concepción Jaular, se dirigió al garaje junto a otros vecinos para saber qué había ocurrido.
Al llegar Jaular al garaje ya se encontraba allí una patrulla de la Ertzaintza, que le comunicó que la víctima era su marido, noticia que le provocó una crisis nerviosa, por lo que fue atendida por un equipo médico.
La esposa de Máximo Casado trasladó a algunas de las personas que llegaron a darle el pésame que no deseaba que miembros del PNV acudieran a su casa, según difundió Europa Press. Numerosos representantes institucional que residen en la capital alavesa llegaron durante la mañana hasta el punto en que ocurrió el atentado, situado frente al Seminario y a unos veinte minutos a pie del casco antiguo.
Al otro lado del cordón policial, se pudo ver, entre otros, al delegado del Gobierno español en la CAV, Enrique Villar, a los consejeros del Ejecutivo de Lakua Gabriel Inclán y Patxi Ormazabal, al alcalde de la ciudad, Alfonso Alonso, y al diputado general Ramón Rabanera.
En cuanto a los posibles autores de la acción, Mayor Oreja, que no dudó en atribuirla a ETA, destacó que este barrio gasteiztarra «había sido afectado en otras ocasiones por acciones vinculadas al terrorismo», en referencia a un ataque contra dos militantes de las juventudes del PP y a otro contra la vivienda de un agente de la guardia civil.
Sospechas de Mayor Oreja
El titular de Interior señaló que esos datos «acrecientan las sospechas de que haya podido ser un grupo de legales (sin ficha policial) vinculados a fenómenos de violencia callejera que han sido capaces de pasar a una acción de estas características».
Mayor, al contrario de lo que hicieron la mayoría de los dirigentes políticos, desligó el atentado de los acontecimientos de los últimos días, incluida la manifestación contra ETA del sábado, y dijo que «siempre nos equivocamos cuando definimos lo que son causas y efectos» de las actuaciones de la organización armada.
Enrique Villar aseguró, por su parte, que ETA «no conseguirá nada porque a funcionario muerto habrá funcionario puesto y a guardia civil muerto, guardia civil puesto».
Distintas fuentes afirmaron que el jefe de Servicio de la prisión de Langraiz había recibido anteriormente amenazas de la organización armada y que había sido objeto de algún sabotaje.
Josu Onaindi, secretario general de CCOO de Euskadi, sindicato al que estaba afiliado Casado, explicó que éste recibió ame- nazas en nombre de ETA durante el secuestro del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara, entre enero de 1996 y julio de 1997. «En aquella época hubo una cadena constante de amenazas a los trabajadores del cuerpo de prisiones y, en ese momento, sí que recibió cartas», explicó Onaindi.
Fuentes penitenciarias citadas por Europa Press añadieron que el buzón del domicilio del jefe de Servicio de Langraiz fue quemado el pasado verano.
Pésame de Ibarretxe
Por otro lado, la capilla ardiente con los restos de Máximo Casado quedó instalada, hacia las seis de la tarde, en la sede de la Delegación del Gobierno español en Gasteiz.
En este lugar, donde el féretro fue cubierto por una bandera española y custodiado por agentes policiales, coincidió Juan José Ibarretxe con la esposa y los dos hijos del fallecido. El lehendakari se acercó a la viuda para expresarle su solidaridad.
La agencia Efe también puntualizó que Concepción Jaular había mostrado por la mañana su oposición a que los representantes del Gobierno de Lakua subieran a su domicilio.
Quince años destinado en la prisión alavesa
GARA | GASTEIZ
Máximo Casado, nacido hace 44 años en un pueblo de León, estaba destinado en Euskal Herria desde hace unos quince años, según informaron funcionarios de prisiones que se personaron en el lugar del atentado a la agencia Europa Press.
Las mismas fuentes explicaron que, tras llegar a la cárcel de Langraiz, Casado desempeñó tareas de maestro y posteriormente de carcelero. Ahora era jefe de Servicio o, como le denominaban sus compañeros, «jefe de día».
Durante una temporada también fue delegado del sindicato CCOO en la cárcel alavesa, responsabilidad que ya había dejado. Precisamente, los funcionarios de Langraiz, reunidos ayer en asamblea, condenaron el atentado contra su compañero «desde la incomprensión, la impotencia y la rabia».
Fuentes penitenciarias comentaron que Casado «era conocido entre sus compañeros por la meticulosidad con la que observaba todas las medidas de autoprotección» para evitar ser objeto de atentado. Manifestaron también que el jefe de Servicio acudía con puntualidad a la prisión, por lo que el que ayer no llegara a las ocho de la mañana provocó inquietud entre sus compañeros.
El ministro Jaime Mayor Oreja, por su parte, mostró su «admiración por la trayectoria al servicio de los españoles» de Máximo Casado, del que dijo que era «un ejemplar funcionario de prisiones y un ejemplar sindicalista».
En similares términos se pronunció el director de Instituciones Penitenciarias, Angel Yuste, que subrayó que «no hace falta un mensaje especial para los funcionarios de prisiones, porque este colectivo ya ha pasado por momentos de sufrimiento como asesinatos y secuestros».
Angel Yuste añadió que la reacción de los funcionarios a este atentado «va a ser la respuesta de unos profesionales defensores del Estado de Derecho».
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